Las cenizas del hierro by Ramiro PinillaMy rating: 4 of 5 stars
Llega a su fin la trilogía. Acaba la guerra, y los hombres del hierro están con el vencedor, como siempre, e incluso le entregan la producción siderúrgica, tan vital para ganar la guerra, una producción que han tenido al ralentí con anterioridad. La posguerra es muy dura y Asier se hace anarquista, y sus amigos también empiezan a pensar en hacer algo, y se produce una masiva huelga en 1947, y la represión es terrible, y Kresa (Océano), se entera de que Benito Muro, el comisario, ex alcalde (ahora el municipio lo controlan los hombres del hierro), que en su día entregó los planos del cinturón defensivo de Bilbao a Franco, ha violado primero a Fabiola, y luego a su madre Flora, y al final lo matará, y se hará matar en la playa que lo vio crecer, ya convertido en miembro de ETA. Y a todo esto, don Manuel, el maestro, que dice que un vasco no mata, y ... un bonito relato de como tanto la evolución de las especies como el fútbol aparecieron en las playas de Euskalerría, y como los Baskardo, auténticos, que rechazan la rueda y el hierro, y que dicen que el euskera está hecho para ser hablado, y poco, los de Sugarkea, claro, recuerda el libro que en su día ya fueron conscientes de que el fútbol no lo inventaron los ingleses, sino los primitivos bichitos verdes de los Orígenes con mayúsculas, que dejaron el océano y dejaron su huella en la playa (que descubren sus descendientes Baskardo, uno de los 48 caseríos originales) y también la huella de la dichosa pelotita, esos que luego fueron el origen no solo de Euskadi sino de la humanidad entera, y que rechazan todo lo que sea cambio, y que todavía usan el hacha de silex, aunque sus compañeros empiezan ya a usar el hierro los muy traidores y malos vascos. Y aquella primigenia democracia auténtica y verdadera.... Al final se descubre que Ella siempre defendió que no se tocara el Mostrador porque bajo su tarima se le habían colado 5 céntimos cuando fue la rentista, de joven, y en su testamento dice que pertenecen a su herencia, y se rescatan, claro. Pero muere sin herederos, pues don Cándido, la criatura, muere tras caer a la colada hirviendo, y con esa colada hacen un cubo enorme, que luego, los nuevos dueños, descendientes del primer matrimonio de Ella a los 15 años, esclava en un pequeño pueblo de Huelva, vienen a hacerse cargo de la herencia, y son más listos que el demonio y deciden hacer un museo de titanio que todos vengan a ver aunque no tenga nada dentro (claro, se refiere al Guggenhein), y muchísimas otras cosas.
He conseguido terminarlo, y creo que lo he disfrutado. Son libros para leer y saborear despacio.
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