Una historia de la lectura by Alberto ManguelMy rating: 4 of 5 stars
Disfruté mucho de la lectura de este libro, de su cuidada edición y sus ilustraciones. Quince años después leí El infinito en junco, de Irene Vallejo, que trata un tema similar y que a mi juicio lo supera. Del libro de Manguel recogí estos párrafos:
“La verdad es que nuestro poder como lectores es universal y es universalmente temido, porque se sabe que la lectura puede, en el mejor de los casos, convertir a dóciles ciudadanos en seres racionales, capaces de oponerse a la injusticia, a la miseria, al abuso de quienes nos gobiernan. Cuando estos seres se rebelan, nuestras sociedades los llaman locos o neuróticos (como a don Quijote o a madamme Bovary), brujos o misántropos, subversivos o intelectuales, ya que este último término ha llegado a ser un insulto... Desde siempre, el poder del lector ha suscitado toda clase de temores (...) temor al lector individual que puede, a partir de un texto, redefinir el universo y rebelarse contra sus injusticias” –p. 15-
A fines del XV, el archidiácono Claude Frollo, personaje de Victor Hugo, dice: Esto, matará a aquello. Esto era el libro impreso en la época de Gutenberg, y aquello era el gótico perfil de Notre-Dame. La imprenta pondrá fin a la arquitectura medieval en la que cada columna, cada pórtico es un texto que puede y debe leerse. Esta falacia la perpetúan quienes hoy oponen la tecnología electrónica a la de la imprenta. –p. 16-
La tecnología electrónica es superficial, “más veloz que el pensamiento”, dice la publicidad, permitiéndonos el acceso a una infinitud de datos sin exigirnos ni memoria propia ni entendimiento; la lectura tradicional es lenta, profunda, individual, exige reflexión. La electrónica es altamente eficaz para cierta búsqueda de información (proceso que con torpeza también llamamos lectura) y para ciertas formas de correspondencia y conversación; no así para recorrer una obra literaria, actividad que requiere su propio teiempo y espacio. Entre las dos lecturas no hay rivalidad, porque sus campos de acción son diferentes. En un mundo ideal, ordenador y libro comparten nuestras mesas de trabajo... La amenaza es otra. Mientras seamos responsables del uso que hacemos de una tecnología, ésta será nuestra herramienta, eficaz en nuestras manos según nuestras necesidades. Pero cuando esa tecnología nos es impuesta por razones comerciales, cuando intereses multinacionales quieren hacernos creer que la electrónica es indispensable para cada momento de nuestra vida, cuando nos dicen que, en lugar de libros, los niños necesitan ordenadores para aprender y los adultos videojuegos para entretenerse, cuando nos sentimos obligados a utilizar la electrónica en cada una de nuestras actividades sin saber exactamente por qué ni para qué, corremos el riesgo de ser utilizados y no al revés, el riesgo de convertirnos nosotros en su herramienta”. Esta trampa la señalaba ya Séneca en el siglo I de nuestra era. Acumular libros, decía Séneca (o información electrónica, diríamos hoy), no es sabiduría. Los libros, como también las redes electrónicas, no piensan por nosotros, no pueden reemplazar nuestra memoria activa, puesto que son meros instrumentos para ayudarnos en nuestras tareas.” -p.18-19-
El psicólogo James Hillman sostiene que quienes han leído cuentos o quienes han escuchado leer en la infancia “se encuentran en mejores condiciones y tienen un pronóstico más favorable que aquellos pacientes que no los han conocido... Lo que se recibe a una edad temprana y está relacionado con la vida ya brinda en sí una perspectiva de la vida”.
“No recuerdo que me sintiera solo” –p.42-
A Cervantes le gustaba tanto leer que leía los papeles que encontraba rotos por las calles –37-
Topmás de Kempis recomendaba a sus alumnos que tomaran los libros en sus manos “como Simeón el Justo tomó al Niño Jesús para acunarlo y besarlo” –51-
El autor, le leía libros al Borges ciego. En una ocasión, la madre de Borges le dijo”No sé por qué perdés el tiempo con el anglosajón en lugar de estudiar algo útil como el latín y el griego” –54-
“Aprendí pronto que la lectura es acumulativa y que avanza por progresión geométrica; cada lectura nueva se construye sobre lo que el lector ha leído antes” –59-
Sobre Platero y yo: “una cursilería en la que un poeta se enamora de un burro” –61-
“Pero no sólo los gobiernos totalitarios le temen a la lectura. En los patios de las escuelas y en los vestuarios de los clubes deportivos se intimida a los lectores tanto como en los despachos gubernamentales y en las prisiones” –62-
“¡Andá y viví un poco!, me decía mi abuela cuando me veía leyendo, como si mi silenciosa actividad contradijera su idea de lo que significaba estar vivo.” –62-
Durante una de las manifestaciones populistas organizadas por el gobierno de Perón contra los intelectuales opuestos al régimen, los manifestantes gritaban: “Alpargatas sí, libros no”. La réplica “Alpargatas sí, libros también” no convenció a nadie. “Los regímenes demagógicos exigen queolvidemos y, por tanto, estigmatizan los libros como un lujo superfluo; los regímenes totalitarios quieren que no pensemos y, por consiguiente, prohíben y amenazan y censuran; ambos, en general, necesitan que nos volvamos estúpidos y que aceptemos con mansedumbre nuestra degradación y por eso alientan el consumo de productos vacuos. En circunstancias como ésas, los lectores no pueden más que ser subversivos” –63-
Sócrates consideraba a los libros un impedimento para el saber ¡Los libros piensan por mí! –65-
“No es posible treparse de nuevo a la vida, ese irrepetible viaje en diligencia, una vez llegada a su fin –escribe el novelista turco Orhan Pamuk en La casa del silencio-, pero si uno tiene un libro en la mano, por complicado y difícil de entender que sea, cuando uno lo ha terminado de leer puede, si lo desea, volver al principio, leerlo de nuevo y entender asi lo que es difícil y, al mismo tiempo, entender también la vida”. –67-
Dice San Agustín, respecto a San Ambrosio de Milán que cuando se acercaba a él, sin anunciar su visita, le encontraba muchas veces “leyendo en silencio, nunca en voz alta” –94-. A San Agustín, esta forma de leer le resultó lo bastante extraña para mencionarla en sus Confesiones. La lectura normal se hacía en voz alta. Sólo en el siglo X la lectura para uno mismo se hizo habitual en Occidente. “Si leer en voz alta fue la norma desde los comienzos de la palabra escrita, ¿cómo era la experiencia de la lectura en las grandes bibliotecas? Estruendo. –95-
Hasta bien entrada la Edad Media, los escritores suponían que sus lectores oían el texto en vez de limitarse a verlo, de la misma manera en que muchos de ellos pronunciaban las palabras mientras las escribían. Además, como eran relativamente escasas las personas que sabían leer, las lecturas públicas eran frecuentes, y los textos medievales exhortaban una y otra vez a “prestar oídos” a un relato”. – 103-
“La separación de las letras en palabras y oraciones tuvo lugar de una manera muy gradual. La mayoría de las escrituras más antiguas –jeroglíficos egipcios, escritura cuneiforme sumeria, el sánscrito- no usaban estas divisiones.” –105-
“A pesar de que ya en el año 382 la Iglesia instituyó la pena capital por herejía, el primer caso de ejecución de un hereje en la hoguera no se produjo hasta 1022 en Orleans”. En ese caso los herejes decían que las Sagradas Escrituras eran “invenciones que han escrito los hombres sobre pieles de animales”. –112-
“AGUSTÍN: Esa manera de leer es muy habitual hoy en día; hay un número tan elevado de hombres de letras... Pero si haces algunas anotaciones en el sitio adecuado, podrás gozar fácilmente del fruto de tus lecturas.
FRANCESCO: ¿ A qué clase de anotaciones te refieres?
AGUSTÍN: Cada vez que leas un libro y encuentres alguna frase maravillosa que te conmueva o deleite, no confíes exclusivamente en el poder de tu propia inteligencia, sino fuérzate a aprenderlas de memoria y a familiarizarte con ellas meditando sobre su contenido, de manera que cuando te sobrevenga una aflicción muy profunda, tengas el remedio preparado como si lo llevaras escrito en la mente. Cuando encuentres pasajes que te parezcan de provecho, señálalos con claridad, lo que tal vez te sirva para expresarlos en tu memoria, no sea que de lo contrario se te escapen volando” –132-
Un profesor le explicó lo importante que es aprender de memoria poesías o textos. Su padre, asesinado en Sachsenhausen, era un famoso académico que se sabía de memoria muchos textos y se les declamaba a sus compañeros del campo de concentración; una joya, como quienes se aprendían los libros en Fahrenheit 451. O como dice Hampaté Ba, escritor de Mali, cuando dice: “en África, cuando muere un anciano, toda una biblioteca perece bajo las llamas.” –134-
El latín siguió siendo el idioma de la burocracia, de la Iglesia y de la academia en la mayor parte de Europa hasta bien entrado el siglo XVII, ya a comienzos del XVI los idiomas vernáculos comenzaban a ganar terreno.
En la Edad Media, los estudiantes a menudo gozaban de privilegios y exenciones, salvoconductos para los viajes, etc. Así, en 1158, Federico Barbarroja, emperador del SIRG los excluyó de la jurisdicción de las autoridades seculares excepto en los casos de delitos graves. –141-
Muchas palabras se abreviaban para ahorrar papel.
Se copiaba y se aprendía de memoria, sin explicar, y a veces sin entender nada. –152-
Kafka pidió a su amigo que quemara sus escritos después de su muerte, pero su amigo Brod lo desobedeció. Después, se han escrito más de quince mil volúmenes sobre la obra de Kafka. A Kafka se le ha leído de forma literal, alegórica, política, psicológica. –182- La metamorfosis a su hija Rachel le pareció una obra cómica, otros la han visto como una parábola religiosa, Brecht la leyó como la obra del único escritor verdaderamente bolchevique; otros como un producto de la burguesía decadente; Borges como una nueva versión delas paradojas de Zenón, y así más .... –183-
Kafka escribió en 1904 a su amigo Pollak: “En general, creo que sólo debemos leer libros que muerdan y arañen. Si el libro que estamos leyendo no nos despierta como un golpe en el cráneo, ¿para qué molestarnos en leerlo? ¿Para que nos haga felices, como dices tú? Cielo santo, seríamos igual de felies si no tuviéramos ningún libro. (...) Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más lejanos, lejos de toda presencia humana, como un suicidio. Un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo” –183-
Ricci publicó una obra de Serafini, en dos lujosos volúmenes compuesto en su toaliad de palabras e imágenes inventadas, el Codex Seraphinianus.
El segundo mandamiento dado por Dios a Moisés estipula que no harás escultura ni imagen alguna de lo que hay en el cielo ni en la tierra ... –190-
A mediados del XIX, apenas el 15% de los trabajadores cubanos sabía leer. En 1865, Saturnino Martínez, fabricante de cigarros y poeta publicó un periódico para los trabajadores del tabaco, naciendo así La Aurora, denunciando incluso la tiranía de los fabricantes de tabaco. Llegó a un acuerdo con los trabajadores para que uno de ellos leyera durante el trabajo en voz alta, y los otros le pagaban de su propio bolsillo. Con el tiempo, otras fábricas siguieron su ejemplo. En poco tiempo estas lecturas empezaron a considerarse subversivas, y en mayo de 1866 el gobernador de Cuba publicó un edicto prohibiéndolo:
Verlo en la página 210, muy interesante.
“1) Se prohíbe distraer a los obreros de las tabaquerías, talleres y tiendas de todas clases con la lectura de libros y periódicos, o con discusiones ajenas al trabajo que realizan.
2) La policía ejercerá una vigilancia constante para asegurar el cumlimiento de este decreto y pondrá a disposición de mi autoridad a aquellos dueños de alleres, representantes o gerentes que desobedezcan esta orden, de modo que puedan ser juzgados de acuerdo a la ley según la gravedad del caso.”
También imagen de la página 211.
Los trabajadores que emigraron a EEUU llevaron consigo esta práctica. Uno de sus libros preferidos era El conde de Montecristo, porlo que un grupo de trabajadores pidió al autor que pudieran poner su nombre a uno de los cigarros, a lo que el novelista accedió. –213-
Lectura en voz alta: en las cortes, en casas humildes, monasterios, en la comida. Plinio el joven menciona que le gustaba que le leyeran cuando comía ... Recordad que en El curioso impertinente, el cura accede a regañadientes a leer en voz alta la novela para todos.
Con la arcilla se podían fabricar tablillas y con el papiro rollos. Pero ninguno de los dos se adecuaba a la forma del libro que sustuirá a la tablilla y al rollo: el códice o fajo de hojas encuadernadas. Si fuese de arcilla sería muy pesado, y de papiro quebradizo. El pergamino o la vitela (de piel de animales) pueden cortarse y doblarse en todo tipo de tamaños. Según Plinio el Viejo, el rey Tolomeo de Egipto prohibió la exportación de papiros y mantuvo secreta su fabricación, lo que obligó al rey de Pérgamo a encontrar un material nuevo. Así apareció el pergamino (de Pérgamo). A partir del siglo IV y hasta la aparición del papel en Italia en el XIV, el pergamino fue el material preferido en Europa. (236-237).
Incunables son los libros impresos antes de 1500 desde Gutenberg. Viene de cuna, relacionado con la cuna (unos 30.000), que no erradicaron el gusto por los manuscritos.
En 1995 se añadieron a las colecciones de la Biblioteca del Congreso de los EEUU 359.437 libros nuevos, sin contar folletos, revistas y periódicos.
“He buscado la felicidad en todas partes, pero no la he encontrado en ninguna, excepto en un rincón con un pequeño libro”. Tomas de Kempis. Inicio del XV.
“En la Vida de san Gregorio del siglo XIII se describe el baño como “un lugar retirado donde pueden leerse tablillas sin interrupciones”. Henry Miller estaba de acuerdo: “Mis mejores lecturas las he hecho en el baño –confesó una vez-. Hay pasajes del Ulises que sólo se pueden leer en el inodoro, si se le quiere extraer todo el sabor al contenido”. –278-
“Pero leer en la cama proporciona algo más que entretenimiento; brinda también una peculiar sensación de intimidad. Leer en la cama es un acto egocéntrico, inmóvil, libre delas ordinarias convenciones sociales, invisible para el mundo y que, como tiene lugar entre las sábanas, en el reino de la lascivia y la pereza pecaminosa, comparte algo de la emoción de las cosas prohibidas” –281-
“Desde el siglo XV al XVII, la cama principal erala presa más codiciada cuando se confiscaba una propiedad” .-286- Los libros y las camas eran bienes muy valiosos.
“Era costumbre que las damas “recibieran” en su dormitorio, completamente vestidas pero acostadas en la cama, sostenidas por una multitud de almohadas”. –292-
“En Versalles, el ritual para despertar al monarca –el famoso lever du Roi- se convirtió en una ceremonia muy compleja enla que seis categorías distintas de nobles se turnaban para entrar en la cámara real y disfrutar de privilegios predeterminados, como ponerle –o quitarle- la regia manga izquierda o derecha, o leer para el deleite de los reales oídos”. –293-
“En el año 415, el patriarca Cirilo ordenó a otra multitud de jóvenes cristianos que entraran en la casa de Hipatia, la filósofa y matemática pagana, la arrastraran hasta la calle, la cortaran en pedazos y quemaran los restos en la plaza pública. Hay que decir que al mismo cirilo no se lo apreciaba mucho. Cuando murió, en el año 444, uno de los obispos de Alejandría pronunció el siguiente elogio fúnebre: “Por fin ha muerto este hombre odioso. Su desaparición regocija a quienes le han sobrevivido, pero sin duda causará aflicción a los difuntos, que no tardarán en cansarse de él y devolvérnoslo. Por consiguiente, colocad una piedra muy pesada sobre su tumba, para que no corramos el riesgo de volver a verlo, ni siquiera como fantasma”. –366-
Como los cristianos se apoderaron de la sibila, el oráculo pagano, a la que Constantino ya hizo hablar en nombre de Jesucristo. –370-
Bomarzo, la vasta novela de Manuel Mújica Láinez sobre el Renacimiento italiano, alude a la familiaridad de la sociedad del siglo XVII con la adivinación a través de los versos de Virgilio. –377-
“Durante la primera década del siglo XIX, por ejemplo, una novela recién publicada costaba un tercio del salario mensual de un jornalero francés, mientras que una primera edición de La novela cómica de 1651 de Pau Scarron podría haberse conseguido por la décima parte de esa suma”. –428-
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