Viajes con Heródoto by Ryszard KapuścińskiMy rating: 5 of 5 stars
El gran periodista polaco, merecido premio Príncipe de Asturias, describe sus primeros años como periodista cuando tuvo que viajar a la India acompañado con el libro de Herodoto, quizás el mejor libro de historia nunca escrito, dice. Mientras nos habla de la India, China, Congo, Polonia... se hace a sí mismo un sinfin de preguntas y nos cuenta a la vez la historia de Ciro, Dario, Jerjes... y el propio Herodoto. Un libro excepcional.
He seleccionado un par de párrafos que comparto, uno sobre la esclavitud y otro sobre el provincianismo en un doble sentido:
“¿Nos paramos a pensar en que, desde los tiempos inmemoriales, la riqueza del mundo –desde el sistema de regadío en Mesopotamia, las murallas chinas, las pirámides egipcias y la Acrópolis ateniense hasta las plantaciones de azúcar en Cuba y las de algodón en Luisiana y Arkansas, las minas de carbón en Kolymá y las autopistas alemanas- ha sido construida por esclavos? ¿Y las guerras? Se hicieron durante siglos enteros para capturarlos. Capturarlos, encadenarlos, fustigarlos y violarlos, todo con el fin de sentir la satisfacción de tener en propiedad a un ser humano. Era uno de los motivos principales –a menudo su única razón- para desencadenar una guerra; un poderoso resorte que ni siquiera se intentaba ocultar.”
Ryszard Kapuscinski. Viajes con Herodoto. Anagrama. P. 277.
“Ha habido periodos en que las expediciones al pasado me fascinaban más que mis viajes de corresponsal y reportero. Sucedía en los momentos en que me sentía cansado de un presente en el que todo se repetía. La política: juego sucio, perfidia y mentiras; la vida del hombre gris: miseria y desesperanza; la división del mundo en Oriente y Occidente: siempre la misma.
Y así como años atrás había deseado cruzar la frontera en el espacio, ahora me fascinaba el acto de cruzar la frontera en el tiempo.
Temía caer en la trampa del provincianismo, noción que solemos asociar con el espacio: provinciano es aquel cuyo pensamiento está centrado en un limitado espacio al que el indivdiuo en cuestión atribuye una importancia desmesurada, universal. Sin embargo, T.S. Eliot advierte de otro provincianismo, no del espacio sino del tiempo: “En la época actual –escribe en 1944 en un ensayo sobre Virgilio-, en que los hombres parecen más inclinados que nunca a confundir sabiduría con conocimiento y conocimiento con información, y a tratar de resolver problemas vitales en términos de ingeniería, está naciendo una nueva especie de provincianismo, que quizá merezca un nombre nuevo. No es un provincianismo espacio sino temporal, un provincianismo cuya historia es la mera crónica de las invenciones humanas que sirvieron en su momento y fueron desechadas, un provincianismo para el cual el mundo es propiedad exclusiva de los vivos, sin participación alguna de los muertos. El peligro de esta clase de provincianismo es que todos, todos los pueblos de la tierra, podemos ser juntos provincianos; y a quienes no se contentan con serlo, sólo les queda convertirse en ermitaños”” Página 304.
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