El Pentateuco de Isaac

10/10. El Pentateuco de IsaacEl Pentateuco de Isaac by Angel Wagenstein
My rating: 5 of 5 stars

¿Se puede escribir con humor sobre el Holocausto, los gulags, la barbarie de la guerra, el odio al diferente...? Se puede, y así lo hace con maestría el autor del libro (magistralmente traducido, creo), quien va mezclando anécdotas, chistes y los chascarrillos más variados (sobre judíos como el propio autor) mediante los que nos acerca a un periodo de nuestra historia que nunca debió ocurrir y que pudo no haber ocurrido, como dice al final el rabino Bendavid.
Mientras nos acerca a este episodio, uno más, de la historia universal de la infamia, nos cuenta en primera persona la vida de Isaac, judío de Galitzia, reclutado para luchar en las guerras, encerrado en campos nazis y gulags soviéticos sin motivo alguno (como si pudiera haber motivos para tal nivel de barbarie), cambiando de nacionalidad una y otra vez...
El humor, la fina ironía, el sarcasmo y a veces la irreverencia hace que podamos leer la novela con una sonrisa, incluso con optimismo, aunque el conocimiento de la historia y el propio contenido del libro nos haga pensar que ese optimismo quizás no sea más que un autoengaño sobre la propia naturaleza del ser humano, ese producto de la evolución que, como nos cuenta el autor, comenzó su andadura como un pequeño anfibio que salió del mar para pintar la Mona Lisa y construir gulags y campos de exterminio.
Los dos personajes principales, el propio Isaac y el rabino Bendavid (hombre también bueno, que nos enseña a dudar de la fe y a tener fe en las dudas), tan entrañables y llenos de eso que llamamos "humanidad" nos permiten esa lectura optimista del libro y de la propia Historia, sabiendo que quienes no estén de acuerdo con esa visión optimista y hagan otra lectura "también tienen razón" (como en el chiste).
Mientras tanto, nos quedan preguntas sin contestar, porque no se pueden buscar razones en la sinrazón ni sentido al sinsentido "ni lógica al movimiento arbitrario de las partículas". Nos queda sin contestar la pregunta de qué hay en nuestra naturaleza que nos lleva a abrazar el fanatismo y la irracionalidad, a confundir los ideales con el sistema (sea este político o religioso) y a conformarnos con tocar un codo doblado, como en el chiste del ciego que tras preguntar qué es la leche cree haberlo entendido simplemente con tocar el codo doblado del rabino... sin ser conscientes de que el codo a menudo termina en un puño cerrado y amenazante (sea este divino o humano).
¿Se puede intentar entender sin maldecir ni ridiculizar a los responsables de tanta maldad? ¿Les dejaremos pan, vino y un lugar en nuestras mesas como aconseja Bendavid? La propia formulación de esta idea indignará a algunos con razones muy válidas. También ellos tienen razón.

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