Golpe de gracia by Dennis LehaneMy rating: 5 of 5 stars
¿Eran libres los adolescentes criados en el odio cuando persiguieron a un joven negro que se había equivocado de barrio? No lo eran. Aquella persecución acabó mal. Y nos lo cuenta con maestría Dennis Lehane, a quien conocemos por haber escrito Mistic River y por sus guiones en True Detective. La trama de la nueva novela solo es un pretexto para que hagamos un viaje en el tiempo al Boston de los pasados años setenta, y veamos la historia con los ojos de los habitantes de Commonwealth (parece un sarcasmo el nombrecito), un barrio obrero irlandés en el que puedes tener dos trabajos y regalar todos los días un par de horas al jefe, sin que aun así el sueldo te llegue para pagar las facturas del gas. Pero el objeto de tu odio no es, no eran, los gobernantes ni los empresarios. Tu ira, tu indignación, no se dirigía (no se dirige) hacia los responsables de tu miseria, hacia quienes se aprovechaban de tu sudor, sino hacia los negros o hacia cualquiera que pertenezca a una minoría étnica, sobre todo si son más pobres que tú. Tener a alguien por debajo de ti te hace sentir que eres alguien, te hace sentir superior. El barrio puede carecer de lo más básico y estar bajo la bota de una banda criminal, pero ahí te sientes seguro y “sabes” que las drogas las venden los negros y no la propia banda, y lo sabes porque cierras los ojos, porque te sientes miembro de algo, es tu gente, tu comunidad, y fuera hace mucho frío. Y no puedes tolerar que los políticos, que viven en barrios lujosos y envían a sus hijos a colegios caros y los esconden en la universidad para que no vayan a Vietnam, hayan decidido que van a mezclar a estudiantes blancos y negros y a llevarlos con autobuses para que se junten en las escuelas. Te resulta insoportable. Y sigues transmitiendo las mismas mentiras a tus hijos, el mismo odio al diferente. Un odio que, cuando reviste la forma de la despersonalización, cuando le quitas al otro lo que le hace humano y le llamas sucio negrata o sucio judío o sucio amarillo, o rata, o txacurra, o gusano, o lo que sea, haces que pierda su humanidad, y ya no te resulta difícil matarle, ya no es un semejante, y no puedes entender que por matar a un negro te puedan caer unos años de cárcel, por supuesto muchos menos que a un negro, eso sí, faltaría más, o que haya quien proteste por la guerra de Vietnam, a no ser que sea porque mueren blancos norteamericanos allí. Así es el mundo. Es lo que hay. Son dos frases que escuchamos a los protagonistas de la novela y que seguimos escuchando hoy en día. Y cuando hay que protestar, mejor protestar contra los negros, contra los inmigrantes o contra los judíos. Así es la vida, y no nos preguntamos si podemos cambiarla. O sí. No entiendo por qué no soy feliz, decía Donna, esposa de un líder de la banda, si lo tengo todo, mi hombre es ordenado y no me pega. Que no te pegue tu marido es motivo de orgullo y satisfacción.
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