El último encuentroEl último encuentro by Sándor Márai
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“Cuando exigimos a alguien fidelidad, ¿es acaso nuestro propósito que la otra persona sea feliz? Y si la otra persona no es feliz en la sutil esclavitud de la fidelidad, ¿amamos a la persona a la que se la exigimos? Y si no amamos a esa persona ni la hacemos feliz, ¿tenemos derecho a exigirle fidelidad y sacrificio? Ahora, al final de mi vida, ya no me atrevería a responder a estas preguntas, si alguien me las formulara, de la misma forma inequívoca qué hace 41 años, cuándo Krizstina me abandonó.” Pág. 166.

“Detrás de las persianas echadas, el verano quemaba el jardín lleno de plantas secas y de hojas arrugadas, como un pirómano colérico que incendiara toda la vegetación antes de desaparecer. El general sacó la carta del bolsillo, alisó el papel con gran cuidado y, con las gafas caladas, volvió a leer las frases cortas y rectas, escritas con letra fina, a la luz resplandeciente de la lámpara. Juntó las manos por detrás mientras leía.
En una pared había un almanaque de números enormes. Catorce de agosto. El general echó la cabeza hacia atrás, para contar. Dos de julio. Contaba el tiempo transcurrido entre una fecha remota y aquel día. Cuarenta y un años, dijo en voz alta. (…)
- Que suba Nini –le dijo al criado. Luego añadió cortésmente-: Que haga el favor.
- No se movió, se quedó sentado, con la campanilla de plata en la mano, hasta que llegó Nini. (…)
- Me ha escrito Konrád –dijo el general, alzando la carta con la mano, sin dar importancia al gesto, con deseos de enseñarla- ¿Te acuerdas de él?
- Sí –respondió Nini. Se acordaba de todo.
- Está aquí en la ciudad –dijo el general muy bajo, como si le estuviera dando una noticia muy importante, muy confidencial- Está alojado en el Hotel del Águila Blanca. Vendrá por la tarde, he ordenado disponer el coche para ir a buscarlo. Se quedará aquí para cenar”.

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